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LA SOBRECARGA DEL CUIDADOR

 

hospice-1750928_960_720“He dejado de vivir mi vida”

“He dejado de disfrutar de las pequeñas cosas”

“Siento que he agotado mis reservas”

Esta semana, el equipo del INSTITUT D’ASSISTÈNCIA PSICOLÒGICA I PSIQUIÀTRICA MENSALUS lanza una reflexión sobre: ¿Quién cuida al cuidador?

 
 

¿Qué es el «Síndrome del Cuidador»?

El Síndrome del Cuidador es el resultado sintomático del desgaste físico y emocional que sufren algunos individuos que tienen a su cargo una persona dependiente. La historia de todos ellos se caracteriza por la irrupción de la enfermedad/trastorno de la persona cuidada, un nuevo contexto que rompe por completo su rutina y que absorbe su tiempo y energía.

¿Qué sucede con el paso del tiempo?

El cuidador asume una carga física y psíquica que, con el paso de las semanas y los meses, aumenta (gran parte de las veces la exigencia de las tareas crece fruto del deterioro de la persona cuidada). Por ello, el cuidador cada vez está más agotado: su energía vital disminuye al mismo tiempo que se multiplica el peso de su labor.

El cuidador se responsabiliza por completo de la vida del afectado: medicación, higiene, alimentación, visitas a especialistas, economía doméstica, etc. El cuidador adapta la gestión de todos estos aspectos a la gestión ya existente de su entorno familiar, laboral y social. Es por ello que, progresivamente, pierde su independencia para convertirse también en dependiente del contexto en cuestión. Esta es una de las sensaciones que más describen los afectados por el Síndrome del Cuidador: “he dejado de vivir mi vida”.

¿Qué es lo que sucede?

En realidad el cambio es radical. Muchos proyectos personales quedan paralizados. El espacio que anteriormente la persona invertía en ocio pasa a ser inexistente y, con ello, el famoso “momento para mí”.

El cuidador deja de pensar en él debido al nivel de estrés. Al abandonar elementos clave que le definen, corre riesgo de perder parte de su identidad. Cuando esto ocurre, se hace evidente el Síndrome. Por desgracia, muchas veces demasiado tarde.

De cara a detectar el Síndrome, ¿qué aspectos pueden llamarnos la atención?

En primer lugar, una evidente fatiga física y mental que:

Limita la búsqueda de espacios de reunión con familiares y amigos (aún disponer de cierto tiempo libre), dificulta la práctica de deporte, boicotea la planificación de tareas, anula la organización personal, corta las alas a la creatividad y a la toma de decisiones en todos los sentidos (desde solucionar un problema de trabajo hasta llevar a cabo una receta o elegir un mueble para el hogar), atenta contra la concentración y la memoria, etc.
Así mismo, los cambios de humor (por ejemplo, pasar de estar apagado a responder con un todo agresivo y desafiante), el estado anímico depresivo y la ansiedad, son tres ingredientes protagonistas del Síndrome del Cuidador.

Parece que gran parte de los síntomas son muy visibles…

Cierto. Pero el cuidador reprime con mucha frecuencia sus sentimientos y pensamientos, no comparte con los demás la carga que la situación le genera. Quizás habla de las labores que desempeña (“hoy he llevado a mi padre al médico”) pero no del peso que conlleva. El “me he sentido”, “me genera”, “me produce”, no es habitual entre las personas que sufren este síndrome. De hecho, son especialmente dadas a soportar “altas tensiones” y callar, por ello la presión que soportan aumenta progresivamente y en silencio.

Los cambios de humor son justamente el resultado de este silencio. El cuidador quemado puede que lleve a cabo las tareas desde la rabia y la frustración y desarrolle conductas en las que deje de tratar con amor al cuidado. El resultado es un sentimiento de culpabilidad que daña directamente la autoestima del cuidador y termina por destrozarlo.

¿Qué puede hacer el cuidador que tiene una persona dependiente a su cargo?

Escucharse. El cuidador tiene que cuidarse y debe sentirse con derecho a expresar la queja y el malestar. Así mismo, es importante que pida ayuda a las personas cercanas y, por supuesto, preserve parte de sus proyectos y sueños. El cuidador únicamente puede cuidar desde el bienestar físico y emocional. Puede que no se encuentre bien con la situación, pero esto es distinto a sentirse mal consigo mismo y los demás.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declara: “es dependiente la persona que no es completamente capaz de cuidar de sí misma, de mantener una alta calidad de vida, de acuerdo con sus preferencias, con el mayor grado de independencia, autonomía, participación, satisfacción y dignidad posible”. Puede que esta definición sirva a los cuidadores para plantearse si ellos, a diferencia del cuidado, sí están manteniendo una calidad de vida con la autonomía, participación y satisfacción correcta, aunque no sea la deseada. De no ser así, quizás es momento de reflexionar sobre los modos de aumentar el autocuidado y buscar ayuda.

¿Cómo puede la figura del psicólogo ayudar al cuidador quemado?

Por lo que refiere a la escucha de necesidades, especialmente el entrenamiendo de Mindfulness proporciona herramientas en este sentido. Además, dicha práctica muchas veces es compatible con el día a día del cuidador (puede llevarse a cabo en distintos momentos). Con Mindfulness la persona aumenta la conciencia sobre su estado físico y emocional y pone en práctica estrategias para dejar ir aquellos pensamientos que le atormentan y consumen, al mismo tiempo que potenciar los que le protegen.

Así mismo, desde la Psicoterapia acompañamos al paciente desde la narrativa, el diálogo interno, la detección de recursos personales, la reordenación de pensamientos constructivos, la limitación de pensamientos destructivos, la empatía con el propio “yo” y la creación de nuevas rutinas amoldables a la situación actual, entre otros.

Y tú cuidador, ¿te estás cuidando?

 

M.ª Teresa Mata

 

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