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Pensamientos: EL PESO DE UNA BOTELLA

bottle-487692_640“Lo que importa no es cuánto pesa la botella, sino el tiempo que la sustentas”.

“Desde el momento que aceptamos que el pensamiento existe, frenamos la lucha contra él”.

Esta semana, el equipo del INSTITUT D’ASSISTENCIA PSICOLOGICA I PSIQUIATRICA MENSALUS, quiere compartir una bonita fábula que ha creado a partir de la famosa metáfora de la botella.

 

Fábula “El peso de una botella”:

Un profesor de filosofía, con el fin de promover «el arte de pensar» entre los estudiantes, dejó un sobre y un vaso de plástico encima de cada pupitre, y colocó delicadamente una botella de vidrio en su mesa. Los alumnos, entre risas y sorpresa, esperaban una explicación.

Uno de ellos alzó la voz y dijo:

– «Profesor, ahora nos hará la típica pregunta de si la botella está medio llena o medio vacía, ¿no es verdad?»

El profesor contestó:

– «Esta es la pregunta que cada uno de vosotros ya habéis respondido cuando he entrado por la puerta y he dejado esta botella encima de la mesa».

A lo que el alumno añadió:

– «Entonces, qué haremos hoy, ¿bebernos la botella?»

La clase rompió a carcajadas. El profesor, manteniendo un rostro serio, respondió:

– «Quizás esto podemos dejalo para el final. Ahora me gustaría que te acercaras a la mesa, cogieras la botella y la levantaras».

El alumno así lo hizo. Cuando tuvo la botella alzada, el profesor le pregunto:

– «¿Cuánto crees que pesa esta botella?»

Y el alumno contestó:

– «No sé, quizás…¿1kg?»

El profesor miró fijamente al alumno y dijo:

– «Dejemos que transcurra un tiempo para estar seguros de la respuesta».

Pasaron 3 minutos y el alumno seguía con el brazo alzado. El profesor volvió a preguntar:

– «¿Cuánto crees que pesa la botella?»

El alumno respondió:

– «No estoy seguro. Diría que cerca de 1’5kg».

Y el profesor añadió:

– «Entendido. Dejemos pasar 3 minutos más para asegurar tu respuesta».

Pasados los 3 minutos preguntó nuevamente:

«¿Cuánto crees que pesa esta botella?»

Y el alumno respondió con un tono quejoso:

– «¡Uf!, ya no sabría qué decirle…¿2kg? Creo que ahora mismo no solo pesa la botella, ¡también pesa el brazo!»

El profesor sonriendo explicó:

– «Lo que importa no es cuánto pesa la botella, sino el tiempo que la sustentas. Lo mismo sucede con los pensamientos que nos aturden: su «peso» irá en función de cuánto tiempo los retengamos en nuestra mente. Alimentarlos, sin duda, hará que cada vez nos resulte más difícil soportarlos y, con el paso de los días, nos sintamos más agotados. Por ello, os animo a reflexionar sobre qué pensamientos os pesan y qué puede ayudaros a «dejarlos ir».

Para finalizar, el profesor pidió a los alumnos que abrieran el sobre que tenían encima del pupitre. Dentro, encontraron la etiqueta de una botella con un mensaje inscrito:

“Ahora sí, ¡podemos brindar!”

Autor: El equipo del Institut Mensalus.

¿De qué tipo de pensamientos habla el profesor?

La fábula habla sobre aquellos pensamientos que atentan contra nuestra persona. Pensamientos del tipo: “por qué no habré sido capaz”, “debería haber hecho”, “debería haber dicho”, “no lo he hecho suficientemente bien”, cuando proliferan y adquieren un carácter rumiativo, terminan por alejarse del sentido inicial y adoptar un tono destructivo.

La exigencia es un motor pero, al mismo tiempo, también puede ser una fuente de mensajes negativos que quiten valor a quienes somos. Cuando esto sucede, el “peso” mantenido puede llegar a dañar seriamente nuestra autoestima.

¿Qué nos ayuda a “dejar ir” un pensamiento que atenta contra nuestro bienestar?

El primer paso es identificarlo y aceptar que existe. Desde el momento que aceptamos que el pensamiento existe, frenamos la lucha contra él y, con ello, limitamos la proliferación de pensamientos que procuran darle explicación o combatirlo. Cuanta más atención requiere el pensamiento inicial, más pensamientos derivados nacen y más mecanismos de alerta se despiertan.

Habitualmente, la emoción asociada a este tipo de pensamientos es la culpa. Esto es lo que especialmente dota de pesadez al pensamiento inicial. Aceptar la existencia del pensamiento es un acto de empatía con uno mismo (me permito pensar/sentir “X” sin machacarme por ello).

¿Qué pasa si sostenemos demasiado tiempo el pensamiento?

Las consecuencias son evidentes. Tal y como explicaba el profesor, sostener una “botella” fatiga y desgasta, dado que mantiene a la persona en un estado de alerta que le aleja de la realidad presente y le impide afrontar los retos diarios desde la calma. El resultado es un terreno de combate continuo donde el individuo se siente permanentemente inseguro.

El cansancio, además, posteriormente se traduce en distintos tipos de malestar que influyen en otros contextos vitales diferentes al que pertenece el pensamiento inicial. Por ejemplo, el pensamiento hace referencia al rol laboral y esto se traduce en malestar fuera del trabajo (en casa, con la pareja, con los hijos, etc.) dado que, el denominador común, es la propia persona.

¿Existe un siguiente paso?

Tal y como comentábamos, tras la identificación y la aceptación, muchas veces, el pensamiento inicial pierde fuerza. ¿Por qué? Pues bien. No aparecen sentimientos que “pesan” en exceso, los mecanismos de alerta no se activan, y no existe la retroalimentación de pensamientos y emociones de tipo destructivo).

Ahora bien, el trabajo no termina aquí. Tras la aceptación también existe una posición de acción desde la que la persona plantea en qué aspecto desea mejorar, cambiar, aprender, etc. Así pues, la aceptación no nos sitúa en una posición pasiva, todo lo contrario: promueve un modo más cómodo de seguir activos.

¿Desde qué modo estamos hablando?

Nos referimos a movernos desde un estado de bienestar, disfrute y realización personal. Un estado de construcción y amor propio. Un deseo de sumar a un ritmo saludable y compatible con la realidad vivida, no determinada únicamente por lo que los demás esperan o, mejor dicho, “lo que creo que los demás esperan”.

¿Qué más podemos extraer de esta historia?

Quizás podríamos quedarnos con un último detalle: El sobre con la etiqueta y el mensaje.

El profesor brinda con sus alumnos tras una magnífica lección, y lo hace, posiblemente, por la capacidad que todos tenemos (como expertos en nuestra propia vida) de gestionar los pensamientos y las emociones.

“Brindar” por nuestra posibilidad de entrenamiento y de aprendizaje continuo… Esto es algo que, desde el trabajo que llevamos a cabo en el Institut Mensalus, hacemos a diario con nuestros pacientes.

Mª Teresa Mata

 

 

 

 

 

 

 

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