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El Autoconcepto

 

Jean Paul Sartre decía:

 “No sabemos lo que queremos y aun así somos responsables de lo que somos, eso es un hecho”.

 Saber quiénes somos es nuestra responsabilidad. Ello nos facilita estar conectados con nuestras necesidades y velar por su realización. Estar conectados con quiénes somos alimenta nuestra autoestima dado que nos aproxima a la satisfacción personal.

Esta semana, el equipo del INSTITUT D’ASSISTÈNCIA PSICOLÒGICA I PSIQUIÀTRIA MENSALUS, nos recuerda el papel del autoconcepto en nuestras vidas.

El autoconcepto

El autoconcepto es el conjunto de elementos que utiliza una persona para describirse a sí misma. La “objetividad” de nuestro autoconcepto dependerá de cómo sea nuestra autoestima que, a su vez, se alimentará de la visión que tengamos sobre nuestra persona.

Por este motivo es tan importante conocer la gestión que realizamos sobre todos aquellos pensamientos que guardan una relación sobre cuál es nuestro papel en cada momento, sobre cómo creemos que desempeñamos dicho papel y sobre qué valor le otorgamos. Pensamientos que resten reconocimiento a nuestros actos e, incluso, impidan llevarlos a cabo (“no doy mi opinión ya que los otros ya la han dado”, “no creo que aporte nada nuevo”, “puede que no estén conforme con mi punto de vista, mejor no lo doy”) alimentan la inacción y, con ello, un autoconocimiento pobre.

 

 

El autoconocimiento pobre

Tal y como comentábamos, el autoconocimiento pobre está relacionado con la no acción. Cuando frenamos “nuestro papel” en una conversación, una reunión de amigos, una dinámica de trabajo, etc., ocurre lo siguiente:

  • Dejamos de elaborar un discurso propio.
  • Dejamos de tomar la responsabilidad (no actúo, no tengo un papel, no soy responsable de dicho papel).
  • Dejamos de decidir (ni gano ni pierdo, permanezco en la misma posición).

Así pues, la inacción mantenida daña seriamente a nuestro autoconcepto y a nuestra autoestima al no poner de manifiesto nuestro valor.

 

La construcción del autoconcepto

Existen diversos elementos que influyen en la formación del autoconcepto. Entre ellos destacamos:

  • La información que recibimos de los demás sobre nuestros comportamientos y actitudes. Los demás tienen una imagen sobre nosotros. Esta información condiciona nuestro modo de pensar, sentir y actuar. Tiene una repercusión directa sobre los planteamientos que hacemos sobre quienes somos. De hecho, en parte, nos vemos a través de los ojos que nos ven los demás.
  • El entorno en el que hemos nacido y crecido: la cultura, la religión, las costumbres, la herencia familiar, etc.
  • El feedback que nos ofrecen las experiencias vitales, aquello que “recogemos” durante y después de su paso.

El autoconcepto se nutre de todo ello. Estar en contacto con esta información nos recuerda quiénes somos.

Autoconcepto y percepción

 

Siguiendo con la definición de autoconcepto, es importante recordar que su construcción se basará en una doble percepción:

  • La que tenemos de nosotros mismos en relación con nuestra persona
  • La que tenemos de nosotros mismos en función de la percepción que tiene nuestro entorno de nosotros.

A medida que conocemos más información sobre esta doble percepción, somos más conscientes de la idea del Yo que tenemos creada y de si esta idea coincide con la que tienen los demás.

Por ejemplo, puede que tengamos sensación de dedicar mucho tiempo a nuestros seres queridos y, cuando hablamos con ellos, su respuesta sea contraria. Por supuesto, esta diferencia puede deberse a muchos factores, por ejemplo, a la diferencia de necesidades (quizás para mi invertir una tarde a la semana es suficiente y ellos consideran que es insuficiente). Sea como sea, toda información podrá ayudarnos a entender cómo percibimos la realidad y cómo la perciben los demás, llegando a crear una fusión de mensajes que hablen sobre quiénes somos.

Lo interesante es comprender qué distancia existe entre la idea que hemos configurado de nuestro Yo y lo que podríamos denominar “Yo real” (un yo construido con percepciones contrastadas).

Reconocer a los demás y ser reconocidos

Reconocer a los demás y ser reconocidos alimenta nuestro autoconcepto dado que nos posiciona en una realidad. Cada vez que miramos y somos vistos, aparecemos y permitimos que el otro aparezca. Este acto tan simple y tan importante a su vez es fundamental para nuestros derechos y nuestra autoestima. Difícilmente pondremos límites, mostraremos nuestra opinión, mostraremos desacuerdo o, simplemente, defenderemos nuestra actitud con nuestra presencia, si no nos sentimos merecedores de hacerlo.

Por todo ello, el sentirnos merecedores va de la mano del reconocimiento, del sentir que ocupamos un lugar y que este lugar es importante. Así mismo, el reconocimiento de los demás nos recuerda que contamos con una valiosa red de miradas que, a modo de espejo, nos explica quiénes somos, una red fomenta un sentimiento de colectividad esencial para el ser humano.

Mírate y déjate mirar. Este es el primer paso para ver y ser reconocido

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