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Diferencia entre Ansiedad y Depresión

“¿Si tengo ansiedad significa que voy a sufrir una depresión?”, “¿La depresión siempre conlleva sufrir ansiedad?”, “¿Si tengo ansiedad y depresión significa que sufro dos trastornos?”, etc.

Estas son algunas de las preguntas frecuentes que consultan nuestros pacientes cuando acuden con un motivo relacionado con ansiedad y depresión. En realidad, muchas veces la sociedad habla de estos dos términos lejos de lo que realmente albergan cada uno. Por este motivo, existe tanta confusión al respecto.

 

Esta semana, el equipo del INSTITUT PSICOLÒGIC I PSIQUIÀTRIC MENSALUS, nos recuerda la diferencia y la conexión entre ansiedad y depresión.

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Qué es la ansiedad

La ansiedad es un mecanismo de defensa natural del ser humano esencial para la supervivencia. La ansiedad es una alerta que avisa de la existencia de un peligro. El problema aparece cuando la respuesta que ofrece la ansiedad es desproporcionada al peligro e, incluso, es una reacción a un peligro inexistente.

Una respuesta habitual del ser humano es la de intentar adelantarse a los acontecimientos. Cuando esto ocurre, la mente se percata de la imposibilidad de controlar aquello que no ha sucedido. Aparecen decenas de cabos sin atar y se despiertan multitud de aspectos que no se pueden controlar. Esta falta de control o incertidumbre puede vivirse con sufrimiento (la mente relaciona no control con peligro). El siguiente paso es el que todos conocemos: la activación de mecanismos relacionados con la hipervigilancia y la sobre alerta.

La ansiedad mantenida en el tiempo se convierte en un trastorno (trastorno por ansiedad generalizada). Así mismo, son muchos los trastornos que implican sensación de peligro (por ejemplo las fobias) y desatan los mecanismos relacionados con la ansiedad disfuncional.

Qué es la depresión

Tal y como hemos mostrado en anteriores posts, son muchos los aspectos que diferencian una depresión mayor de un estado anímico depresivo. A grandes rasgos, el aislamiento y los pensamientos negativos destructivos que atentan contra la integridad física y mental del individuo son dos de los principales protagonistas que marcan el grado de disfuncionalidad en el que se ve inmersa la persona que sufre una depresión mayor.

A continuación, recordamos algunos de los síntomas que pueden describir una depresión mayor  y advertirnos de la necesidad de consultar con un profesional:

  • Estado de ánimo triste, ansioso o de “vacío” la mayor parte del día.
  • Disminución del interés o placer en las actividades de las que antes se disfrutaba.
  • Sentimientos de culpa y/o inutilidad excesivos o inapropiado.
  • Sentimientos de desesperación o pesimismo.
  • Disminución de la energía o sensación de fatiga la mayor parte del día.
  • Dificultad para concentrarse, pensar, recordar o tomar decisiones.
  • Insomnio o hipersomnia cada día.
  • Pérdida o aumento de peso o bien del hambre.
  • Agitación o enlenticimiento psicomotor casi todo el día.
  • Pensamientos de muerte o de suicidio.

Así mismo, el estado anímico depresivo puede ser el resultado de cualquier otro trastorno que afecte a la vida del individuo o, por supuesto, la respuesta a una situación o momento de conflicto que rompa con una estructura que la persona tenía como segura y ofrecía bienestar y estabilidad emocional (Ej.: una ruptura de pareja, una decepción con un amigo o un familiar, una falta de realización en el trabajo, etc.)

Cuál es la diferencia

Con la descripción de ambas hemos podido observar que las son una respuesta. La ansiedad es la respuesta a una alerta, la depresión (de un modo muy simple y resumido) es la respuesta a una decepción o a una pérdida. Aún así, la alerta ante un peligro puede despertar decepción o pérdida y, como no, una decepción o pérdida puede desencadenar mecanismos de advertencia de un posible peligro.

Con nuestros pacientes muchas veces nos percatamos del predominio de la alerta o la tristeza. Aún así, trabajamos para sacar a la luz toda la información que explica el malestar y la falta de funcionalidad en la que se encuentra sumergido el paciente. Un ejemplo son los discursos repletos de rabia que exteriorizan un estado altamente ansioso y agitado y, a su vez, esconden una profunda pena. Así mismo, son muchos los pacientes que verbalizan un discurso caracterizado por la culpa, la melancolía o la profunda tristeza y, la otra cara, es la alerta y el miedo a… (el miedo a que todo cambie, el miedo a que nada cambie, el miedo al rechazo, el miedo a estar solo, el miedo a los demás, el miedo a uno mismo, etc.).

La ansiedad y la depresión tienen muchos puntos que las conectan. Lo importante es conocer todos aquellos pensamientos y sentimientos que juegan un papel en este complicado entramado y actuar para recuperar la sostenibilidad de dicho sistema.

 

 

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